Existen por lo menos tres grandes grupos de personas según la manera como aprenden.
-El primer tipo es el académico, es lo que llamaríamos un estudiante juicioso, que casi siempre requiere que alguien lo dirija para hacer sus tareas.
-El segundo grupo es el de los creativos, aquellas personas que emprenden proyectos propios y hallan soluciones por su cuenta.
Implicación personal en algo significativo.
Curiosidad y deseo de saber ante lo que sorprende, lo inacabado, la confusión, la complejidad, la falta de armonía, la desorganización y otras cosas por el estilo.
Simplificación de la estructura o diagnóstico de una dificultad por medio de una síntesis de la información conocida, formando nuevas combinaciones o identificando fallos.
Elaboración y divergencia, planteando nuevas alternativas, nuevas posibilidades, etc.
Posibilidad de juzgar, evaluar, contrastar y comprobar.
Desechar las soluciones condenadas al fracaso, erróneas o no prometedoras.
Elegir la solución más adecuada haciéndola atractiva y estéticamente agradable.
Comunicar los resultados a otros.
-El tercero es el de los críticos, quienes establecen relaciones complejas entre conceptos.
Criticar no es decir “no me gusta” o “me gusta” o “estoy de acuerdo” o “me opongo”, criticar es fundamentar las opiniones, tener convicciones racionales, que van a ir formando una personalidad abierta al diálogo y a la participación democrática. La crítica por la crítica misma no es sana ni es constructiva. Además, quien efectúa una crítica debe estar dispuesto a escuchar las opiniones contrarias, y en su caso, si se convence de que el otro tiene razón, cambiar su opinión. La verdad es una búsqueda constante.
Es importante estudiarse y saber qué tipo es uno, porque si soy académico me deben dar explicaciones. Si soy creativo, demasiadas instrucciones me pueden impedir aprender.



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